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La crónica de Rafael Rodríguez
19/10/2015

La crónica de Rafael Rodríguez

Volvíamos tras el parón liguero obligado (un fin de semana sin que juegue nuestro Sevilla es como un jardín sin flores) con energías y esperanzas renovadas. La victoria ante el Barcelona hacía pensar que los defectos se estaban corrigiendo y que el Míster daba poco a poco con la tecla. Se iban recuperando jugadores, y era de suponer que con la llegada de victorias, la confianza crecería.
Nuestro gozo en un pozo, concretamente un pozo vasco, pues con los primeros 45 minutos ante el potente Éibar (descendido deportivamente el año pasado), los nubarrones emeryanos volvían a surgir en torno al equipo. Más de lo mismo, ausencia de juego, de presencia y de saber competir, y para colmo, el laureado equipo norteño se ponía por delante en el marcador.
Tardan los cambios en aparecer en el segundo tiempo, marca de la casa emeryana, pero por fin llegan y se nota la mejoría, sobre todo cuando entra Banega por un desafortunado Nzonzi. Se presiona y se llega, acude también al rescate Konoplyanka y, en el último tramo del partido, el gol del ariete Gameiro pone el 1-1 en el marcador. Había tiempo aún para confiar en la remontada. Se sigue buscando la victoria, Vitolo la tiene pero no consigue enchufarla en la red.
Acaba el encuentro en un insípido empate que nos deja otra vez inmersos en un mar de dudas y debates.
Y los árbitros. Qué se puede decir que no se haya dicho ya. Lamentable, sin que sirva de excusa. ¿Alguien dirá algo alguna vez?
Y don Unai. Qué se puede decir que no se haya dicho ya. Si usted tiene un césped y unas flores que cuidar, utilizando un símil jardinero, no bastará con poner a funcionar tres periquitos automáticos de vez en cuando y punto. Si el césped y las flores no mejoran con los tres periquitos, cambie usted el sistema de riego, eche el abono adecuado, utilice la poda radical si procede, modifique algo cuando observe que ese algo no funciona, y además, todo el mundo ve que no funciona. Sin querer ser alarmista, puede pasar que el césped se seque y haya que trasplantarlo en mitad de temporada, cuando ya sea tarde. O peor aún, contratar otro jardinero.
No obstante, seamos optimistas y pensemos que la segunda parte que vimos en Ipurúa va a ser la tónica del equipo a partir de ahora, y que el jardinero Emery va a ser capaz de encontrar la fórmula adecuada para que nuestro jardín rojiblanco florezca y renazca de una vez.
¡Viva el Sevilla FC!

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