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La crónica de Luis Macías.
15/03/2016

La crónica de Luis Macías.

VIBRANTE PARTIDO
Muy buen partido de fútbol el vivido este domingo en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Partido vibrante, partido eléctrico y partido con goles. Nos visitaba el cuarto de la Liga, ese puesto que creemos todos los sevillistas que nos pertenece ahora mismo, y ese puesto que, si hubiésemos tenido una pizca más de suerte fuera de casa, sería nuestro sin problemas.
Dada la importancia del partido, el Sevilla afrontó el encuentro con más valentía de lo acostumbrado. El Villarreal este año ya no es el equipo alegre que dejaba espacios detrás; ahora te espera en su campo y espera sorprenderte a la contra. Pero el Sevilla salió enchufado, y empezó a hacerle daño al equipo castellonense por las bandas, sobre todo por la izquierda, donde Tremoulinas y un inspirado Konoplyanka, martilleaban a la defensa rival. Y se sucedieron las oportunidades, primero la tuvo Gameiro, después Kron-Dheli, y así, hasta que un espléndido contraataque conducido por Konoplyanka habilita a Gameiro para que con su desternillante velocidad se vaya de sus defensas, y sirva en bandeja a Iborra para hacer el primero. El Sevilla dominaba y se sentía fuerte, y Marcelino no lo veía nada claro.
Pero el fútbol carece de toda lógica. El Villarreal en su primera aproximación, en una jugada rápida, empata el partido, y deja a las claras que la defensa sevillista no pasa por su mejor momento; sobre todo, Carriço que parece “loco” con tanto cambio de posición. Y ahí no acaba la cosa, a renglón seguido, Bukambu vuelve a marcar el segundo para el equipo amarillo (un gran gol por cierto), ante la incredulidad de la grada y de los jugadores sevillistas, que no se recuperan ya hasta el final de la primera parte. 1-2 en la primera parte, y la decepción en muchos rostros de la afición sevillista.
Pero Nervión es mucho Nervión para cualquier rival, y el Sevilla sale con nuevos bríos tras el descanso, y empieza a acorralar al equipo visitante. Cuando Konoplyanka coge la pelota la gente sabe que pueden pasar cosas, y ayer pasaron. Un centro suyo mal despejado por la defensa amarilla se convirtió en el segundo. A los pocos minutos, el ucraniano coge la pelota muy cerca del centro del campo por la izquierda, como a él le gusta, dribla a un rival con su pierna derecha, y como el que no quiere la cosa, lanza un zurriagazo desde allí, que se cuela por la escuadra visitante ante la estatua de Arriola. Pañuelos en Nervión.
Qué pena que a los pocos minutos se lesionase el ucraniano, ahora que había despertado de su hibernación, y cuando seguro que volvía a coger el puesto de titular indiscutible. Esta lesión se unía a la de Nzonzi en la primera parte, igualmente cuando más entonado parece el espigado jugador francés.
Pero no hay mejor victoria que la que se sufre hasta última hora. Y en el Sevilla esto es así.
A Banega no se le puede discutir su entrega y sacrificio, aparte de su indiscutible calidad. En una entrada a destiempo, el desesperante colegiado Velasco Carballo le enseñó la segunda amarilla, y con uno menos hasta el final del partido. El Villarreal se vino arriba y nos encerró en nuestra área. Ahí apareció la figura de Sergio Rico, para lo bueno y para lo malo. El portero sevillista combina paradas de enorme mérito con una inseguridad evidente, inseguridad que a veces se transmite a la grada. El Villarreal tuvo dos clarísimas, pero una vez Rami y otra Carriço salvaron el gol cuando ya se cantaba.
Se llegó con el 3-2 a los minutos finales con muchísimos apuros, pero ahí vuelve a aparecer la enorme figura del menudo delantero francés Kevin Gameiro. ¡Qué velocidad, qué sacrificio, qué pundonor! le pone Kevin en cada pelota, qué pesadilla es para cualquier defensa, y qué pena que no esté tan acertado cuando se pone de gol, porque si no sería de los delanteros más cotizados del mundo. Pues así llegó el cuarto sevillista, en un contraataque lleno de fuerza de Kevin (cuando ya no tenía energía ni para levantarse) el balón le llega solo a Reyes que marca el cuarto.
Ya están en Villarreal temblando, porque el Campeón está cerquita. ¡Qué pena que las crónicas fuera de casa sean bien distintas!

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