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La crónica de Rafael Rodríguez
09/11/2016

La crónica de Rafael Rodríguez

Partido grande el que teníamos para el cierre del fin de semana en el Sánchez Pizjuán. El coloso del sur de España contra el actual campeón de liga, coloso que aún no había pinchado en casa, y cuyo rendimiento global progresaba adecuadamente.

El equipo titular nos sonó raro a muchos, porque lo veí­amos demasiado ofensivo: aparecí­a Sarabia y la semisorpresa de Nasri en ese once que aspiraba ganar al Barsa con posesión sampaoliana.

Y en honor a la verdad hay que señalar que el primer tiempo fue una auténtica maravilla. Salvo alguna ocasión en los primeros minutos de los culés, el Sevilla arroyó literalmente a su adversario, y consiguió adelantarse en el marcador.

Lamentablemente no se supo administrar adecuadamente este resultado, por lo menos hasta que finalizara el primer tiempo, y como no, nuestra bestia negra, Messi, logró empatar al filo del descanso. ¡Cuánto nos quiere el astro argentino! Nos quiere tanto como a Hacienda.

El derroche físico había sido tremendo, y se temí­a por parte del aficionado que el ritmo no se mantuviera, pero se esperaba una reacción táctica desde el banquillo caso de que ello ocurriera. Y efectivamente, el segundo tiempo no tuvo nada que ver con el primero, y el Barsa entraba como querí­a por el mediocampo y por la defensa. Ahí debió reaccionar Sampaoli, pero no lo hizo, oliendo el gol el rival cada vez que se acercaba. Y llegó el gol que supuso finalmente la vitoria blaugrana. Era algo que se veía venir desde todos lados. Incluso me comentan que la fermosa muchacha de los dragones de juego de tronos, le comentó a un compañero de reparto que Nasri no podía más, “que había que cambiarlo sí o sí­, y que Sampaoli debía hacer cambios ya”.

A partir de ese momento, el equipo reacciona, así como el míster, pero tímidamente, llamando la atención la ausencia en los cambios del otro delantero del equipo, Ben Yedder, dejando muy claras cuáles son las preferencias del técnico full-alopécico. Pero el empate no llegó, empate que hubiera sido más justo para los méritos de unos y otros.

Oportunidad desaprovechada, debiendo ser positivos y quedarnos con los formidables primeros cuarenta minutos. En el lado oscuro, ahora es fácil decir que se han precipitado con hacer jugar a Nasri, pero fue una realidad, no tuvo tono físico adecuado ni apenas participación. Los cambios se hicieron tarde y a mi entender, mal. Y no se supo defender el 1-0 cuando el primer tiempo agonizaba. Y sin ánimo de incendiar más, falta un delantero de garantías.

Sin que sirva de excusa, no se puede omitir el tema arbitral. El gol de Messi se puede pitar como ilegal sin problema. Y el penalti del final, es claro y flagrante. Pero en España el nivel es el que hay, y la voluntad de cambiar el mundo futbolístico no existe, para que siempre ganen los mismos.

¡Viva el Sevilla FC! ¡Viva la PSNS! ¡Juego de Tronos gafe!

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