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25/03/2017

"déjà vu"en el Calderón

El Sevilla acudía a despedirse para siempre del Estadio Vicente Calderón con la sensación de amargura que le había dejado la eliminación de la Champions en Leicester.
En la previa se pudieron escuchar palabras por parte de integrantes del primer equipo ​que suenan a tópico después de ver como se desarrolló el partido.
La alineación d​el Sevilla, sobre el papel, parecía idónea para afrontar el partido, a excepción, en mi opinión, de la ausencia de Jovetic en el once inicial, un jugador que aporta verticalidad, intensidad y fuerza en el ataque.
​ Y he dicho sobre el papel, porque lo que nadie se esperaba es que Escudero fuera el acompañante de N Zonzi en la medular y Sarabia quién se encargara de cubrir la banda izquierda donde atacaba el jugador con más desborde del Atlético.​
Algún día nos explicará el entrenador por qué dispuso así al equipo.
Muy poco, casi nada, hizo el Sevilla ayer Domingo para llevarse algo positivo de Madrid. Un planteamiento como el que hizo ayer Sampaoli te puede salir bien en campos donde los equipos te pueden perdonar cuando atacan, pero con un equipo como el Atlético no puedes confiar en la suerte de que no te marquen.
Conforme se iba desarrollando el partido se veía venir lo que ocurrió al final. Cuando un equipo no trabaja la estrategia se notan los fallos y si además los jugadores dan la sensación de no conocer el reglamento, el resultado puede ser desastroso.
En la jugada del primer gol se producen, en mi opinión, dos fallos consecutivos; por un lado Ramí comete una falta de juego peligroso absurda y evitable por querer jugar el balón con la cabeza a ras de suelo​ y por otro, los jugadores que estaban en la marca, cuando Griezmann saca la falta, están esperando a que la saque directa cuando el arbitro tiene la mano levantada señalando que es libre indirecto​ por el juego peligroso antes mencionado​
. Mercado ​parece que se queda parado no entendiendo el saque que hace el francés.
Sin competir es difícil ganar y el Sevilla necesitaba ayer competir y meter un grado superior de intensidad.
Pero el problema que acusó el Sevilla no es del partido de ayer, ni de jugar contra los grandes, ni de no saber competir en los momentos clave; el problema del Sevilla en las últimas 3 semanas viene del partido de ida de la Champions. En ese partido el equipo se vio tan superior que el gol de Vardy supuso que el equipo se obsesionara con perder una eliminatoria que tenía que haber resuelto de forma clara. Y el equipo lo notó en los partidos siguientes, contra Betis, Athletic, Alavés y Leganés. El equipo no ha sido el mismo que transmitía seguridad y, sin llegar a jugar bien, ganaba los partidos. El equipo lleva un mes pareciendo un equipo frágil y desconocido.
Llevamos todos esos partidos jugando a un ritmo muy lento, intentando el pase al pié del compañero y olvidando las triangulaciones y los pases interiores en ataque.
​ Se puede entender que sea por el motivo antes expuesto y que la falta de seguridad les lleve a querer asegurar los pases perdiendo verticalidad, intensidad y velocidad.​
En la segunda parte del partido de ayer se volvió a hacer lo mismo que en todos los partidos a los que me refería antes. El equipo sale con aire dominador y con alguna llegada al área rival. Unas llegadas que no llevan peligro ninguno porque el contrario está perfectamente ordenado ante la falta de intensidad y velocidad del Sevilla.
Viendo el partido parece que nos ha pasado un "déjà vu", esa sensación de haber vivido esa situación en otro momento de tu vida. Y en este caso, el partido de ayer lo hemos podido vivir antes en la mayoría de las visitas que hemos hecho a ese "maldito" estadio y también en los partidos que hemos jugado en el último mes.
Perder en el Calderón puede entrar en lo previsible pero lo que no se puede permitir el Sevilla es perder el partido de la forma que lo hizo ayer, sabiendo lo que se jugaba.
Ahora quedan dos semanas por delante para que entre el cuerpo técnico, los jugadores y el consejo encuentren la forma de conseguir elevar el animo de una afición que está de capa caída pensando en lo que podía haber sido y no va a ser
​ (clasificación para cuartos en Champions y pelear la liga hasta el final)​.
El equipo y la afición necesitaban este parón para coger fuerza, porque a los jugadores se les nota cansados igual que a muchos aficionados que han visto deshechas sus enormes ilusiones en esta temporada.
La situación no debe ser definitiva y hay que evitar que vaya a peor. El equipo y el entrenador han demostrado que saben ganar y esta ​va a ser una muy buena prueba de fuego para demostrar que son los que mejor saben resolver situaciones complicadas.
Y la afición debe también demostrar que sabe animar a su equipo cuando mas lo necesita. Y cuando me refiero a la afición, me refiero a todo el que sienta en sevillista, que debe transmitir ánimo y no pesimismo en estos momentos tan importantes. En la calle, en las barras de los bares, en el trabajo, en las redes sociales y en cada casa sevillista debemos pensar con optimismo y que nuestro aliento le llegue de alguna forma a la plantilla, a los responsables del club y al resto de aficionados para que en la calle se note que el Sevilla es el que va clasificado en la tercera posición y que los demás son los que tienen que alcanzarnos todavía. Ojalá que en el próximo partido podamos tener un "déjà vu" en el Sánchez Pizjuán pensando "este momento de gloria ya lo he vivido yo antes" y festejemos una gran victoria.
Criticar lo que ha pasado en las últimas semanas es lo fácil, eso lo hace cualquiera. Ahora es el momento de apoyar y de buscar soluciones. Ahora es el momento de demostrar muchas cosas. Ahora es cuando los Guardianes de Nervión debemos estar ahí, unidos. ¡¡¡AHORA MAS QUE NUNCA, SEVILLA FUTBOL CLUB!!!

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