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PESADILLA	TRAS PESADILLA
03/02/2019

PESADILLA TRAS PESADILLA

Cuando uno se pone a imaginar un partido del Sevilla fuera de casa, a priori, le entran los mil demonios. Uno se pone a darles vuelta a la cabeza y se imagina el peor escenario. Lo va comentando con los amigos durante la semana y empiezan a decirme: “Luis tú eres muy negativo”, “Hay que animar siempre al Sevilla y ser positivos”, “Hace años estábamos mal y no ahora”. Y es verdad, tienen razón. Pero lo peor es que todas esas pesadillas que tiene uno antes de los partidos se cumplen.

Ocurrió en Barcelona, en la Copa. Uno pensaba: “ el Sevilla en los campos grandes sale acobardado”, “el portero Juan Soriano no está preparado para estos envites”, “el árbitro nos la va a liar, en caso de duda siempre va a pitar en contra”, “jugamos contra el mejor jugador del mundo”, etc.. Se cumplieron lamentablemente todas estas pesadillas y más, ya que la maldición de los penaltis en las grandes citas continúa y ya es sangrante.

Pues bien, en Vigo ocurrió lo mismo. Mi pesadilla se llamaba Resucitador, pero no era una película de Arnold Swarzeneger ni nadie parecido, era de nuestro Sevilla. El Celta era (y es) un equipo muerto, pero muerto de verdad. Lo vimos durante el partido, nerviosismo total, no daban más de dos pases seguidos, acongojados todo el partido, sin su estrella, llevaban dos meses sin ganar un partido. Y bien ¿cuál fue nuestra oposición ante este rival? Nada de nada.

Salimos como si jugásemos el Trofeo de la Aceituna en Jaén, sin motivación, a verlas venir como toda la temporada fuera de casa. La primera parte soporífera transcurrió sin un tiro a puerta, el único tiro creo que fue del Celta. La verdad, yo me irrito enormemente viendo así a mi equipo, con esa falta de intensidad, como si nos creyésemos que jugando al 50% íbamos a ganar seguro.

La segunda parte parecía que arrancaba algo mejor, con algo más de tensión, balón al palo de Ben Yedder (único jugador que parece que está enchufado de verdad últimamente). Pero como ocurría en mi pesadilla, el Celta nos metió un gol de la única forma que podía: a balón parado y de rebote. A partir de ahí fue un querer y no poder de nuestro equipo, y la verdad, dando una imagen lamentable.

Y yo me pregunto: este entrenador, nuestro entrenador Pablo Machín, que tiene pinta de profesor enrollado de instituto, no se entera de estas cosas que he comentado cuando prepara los partidos. No se entera que el sistema de juego no funciona fuera de casa, no se entera que la sala de máquinas está gripada, que el trío Mudo ‐ Banega ‐ Sarabia, solos en ell centro del campo, no da más de sí. Lo que me alucina es la cara que se le queda cuando nos meten un gol, y lo que tarda en reaccionar para hacer cualquier cambio. Me da la impresión que es un entrenador que le falta “testiculina” para inyectarle veneno a los futbolistas, para darles unas cuantas voces y que salgan como motos. Salimos demasiado relajados, sobre todo fuera de casa.

Machín debe girar el rumbo. No me vale la excusa de las lesiones, creeis que con Nolito, Aleix >Vidal o incluso Jesús Navas, ¿el partido de ayer hubiese sido diferente? Y Caparrós debe meterse a fondo en el tema, partidos como el de ayer no son de recibo en un club como el nuestro que se codea con la élite de Europa.​

Gracias a Dios, cuando jugamos en casa todas estas pesadillas se convierten en sueños placenteros. En casa, es nuestra afición la que se encarga de inyectarle ese veneno a los jugadores, y la inutilidad del entrenador no se nota.

En fin, todavía quedan partidos y quedan retos suficientemente ilusionantes para que el equipo retome el rumbo. La Lazio va a ser sin duda, un rival duro de roer. Pero por favor, Machín, Castro, Caparrós, no queremos ser más el Resucitador, a ver cómo se para esto.

Podemos perder pero no haciendo el Ridiculeitor.

¡¡VIVA EL SEVILLA!! ¡¡VIVA nuestra Peña!!

Luis MACÍAS

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